Fracasan cuando se invierte en utillaje sobre una solución que ya estaba patentada. Cuando se dimensiona una planta para una demanda que nadie llegó a medir. Cuando el coste unitario real aparece con la primera serie y ya no queda margen para rediseñar. Y cuando el producto funciona tan bien que la capacidad instalada no da abasto y el crecimiento se convierte en un problema de tesorería.
Los cuatro son errores de secuencia, no de ingeniería. Por eso trabajamos en fases cerradas y en este orden: primero la libertad de operación, después la demanda, después la cuenta de explotación y solo entonces el escalado. Cada fase termina en un entregable y en una decisión explícita de seguir, rediseñar o parar. Parar a tiempo también es un resultado.